Violeta Percia (Argentina)

Poeta, traductora y docente. Sabiduría vegetal y tranquilidad de espíritu, con la luz del origen alumbrándolo todo.

Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Docente en la Maestría de Literaturas en Lenguas Extranjeras y Literaturas Comparadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Compiló Traducir poesía: mapa rítmico, partitura y plataforma flotante (Buenos Aires, 2014); seleccionó, prologó y tradujo Ideorrealidades. Poemas y papeles dispersos de la Obra futura de Saint-Pol-Roux (Buenos Aires, 2013); y en poesía publicó Clínica enferma (Buenos Aires, 2003).

Poemas selectos

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Corteza, Violeta Percia

Introducción

El Tanti Rao es una planta conocida por los médicos tradicionales Shipibo-Konibo de la Amazonía peruana. En la lengua shipiba, Rao significa medicina; y tanti, de la tranquilidad. La medicina de la tranquilidad nos ayuda a recobrar un pensamiento sereno, que perdemos cuando una masa negra de angustia, ansiedad y ambición, como una brea, bloquea el fuego del corazón, impidiendo que se una con el aliento que nos resguarda y nos crea. Pero no basta con tomar esta planta; para hallar esa calma, es necesario saber escuchar lo que el Tanti Rao nos enseña. Hay que querer cortar aquel lazo, deshacerse de esa presión, liberarse de ese peso muerto. Hay que poder reposar, pequeño y atento, sentado en la palma de una mano. Si esa bola nos daba un peso y una autoridad, nos abrimos ahora al silencio agreste del monte, y al pensamiento verde que sopla entre las hojas. Oímos también, en el susurro de su perfume, que cuando todo lo que hicimos se borra o se derrumba, hay que empezar de nuevo.
Este libro fue escrito a los pies del Tanti Rao y nace de los cantos venidos de la medicina de la tranquilidad; de la amistad verdadera y el amor que en lo que permanece nos hermana, que vive en cada brote verde y en la acogida de quienes nos quieren sinceramente; de las enseñanzas que he recibido andando alegre con quienes guardan la sabiduría de los antiguos médicos y los grandes pensamientos que enseñaron para vivir armoniosa, sana y bellamente; del volver a reír la risa simple de los humildes; de largos años de viajes y ayunos hacia la raíz de la vida, tras haber cruzado el río del agua más clara, dejando atrás con mucho sufrimiento y errores todas las ruinas; de la iluminación que es un volver a ver con el corazón; de los días calmos en los bosques medicinales; de la hamaca y el sudor de la tarde; de las palabras en la comunidad y del silencio; de las conversaciones y las risas de las niñas y los niños que van buscando frutos dulces en banda; de las palabras sabias de mis amigos Chonon Bensho e Inin Niwe; de la esperanza de que la palabra no pierda esa fuerza convocante, su poder sanador, su simiente activa para crear conciencia y curar la ceguera del mundo; del persistente rezo para que la necedad, la mentira y la ambición no sigan confundiendo a la gente, no envenenen nuestros corazones y no nos lleven a más resentimiento, destrucción, sufrimiento y muerte.

4.

El amor no hiere, no lastima,
si daña no es amor sino puramente deseo
que es el límite del amor llano.

5.

Desde una cuba vertiendo agua
en mi cabeza fresca y cristalina
recupero el aliento que viaja por el agua
resurjo en esa vitalidad mineral de chispas.

13.

La nube blanca entre el cielo y la tierra
amamanta la humedad de la tierra
las polillas vuelan en helicoides
el viento suave
y sin palabra gobierna.

22.

Como cuidar la tierra con respeto
Como volverse a ella para sembrar,
cultivar la maestría y el esmero
para no irse como se llegó, igual
para no quedarse con lo que se trajo
para que la piel curtida con lo que le sobra
reciba la tierra capaz de acoger otras formas
para aprender a agradecer al monte en cada
surco
de una frente como simple, amplia
para saber labrar cuando en el vacío lo que una
vez se sembró, recoja.

48.

Vivimos con dolores que no vemos
escasamente los percibimos,
aunque nos duelen como agujas del tiempo

la fuerza del ser da vértigo, da mareo
como sentir que nuestro cuerpo es una hoja
en la cima de la gran quebrada.

La vanidad es como un árbol sin fruto ni
medicina,
caídas sus hojas, se confunden en la maleza
mojada su madera, no sirve ya para leña.

No podemos apegarnos a nada.
Nuestra condición es esa.

52.

El abuelo es árbol antiguo
me regaló un caballo de crines largas del color
de la canela
con él cruzamos los desiertos de arena.

62.

Lo que no halla descanso es confuso,
enmarañado
y puede perderse
en la densidad de la selva.

Busco extender mi pensamiento hasta la copa
de un árbol
donde abunda el aire y la visión abierta.

Cuando la raíz recobra el poder de su savia
resurge del brillo nutricio de sus invisibles
manos
una velocidad que me arrastra hacia la
intemperie frondosa.

Ascender de la raíz, por el tronco, y
mantenerse en la cima
suspendida, con la mente límpida.

66.

Soy la copa de un árbol bien alto
desde aquí se ve el cielo
la visión del pájaro gobierna esta cima,
y las semillas del espíritu son su fruto en mi
pensamiento,
las raíces livianas flotan bajo la tierra, naranjas
y verdes.
En este árbol mora un puma que cruje de
repente.

La fuerza del puma es invisible
como su rugido en el viento.

Vuelvo a la raíz habiendo dejado todo lo
ilusorio
todo lo que me arraiga a un pasado aparente,
lo que me cuenta como formando parte
de una historia que no me pertenece.

Pero no hay historia sin generación,
una raíz brillante que respira el barro,
vadea con la lluvia esta mañana,
y la tarde asiste a un cortejo de dos mariposas
que se van bailando.

La noche oscura parpadea el temor a lo oculto
en la exaltación del vacío
un rugido en el atardecer de la jungla
es fuente de la misma quietud con la que caen
las hojas, sin ruido.

74.

Cuando entres en el bosque crujiendo
descubrirás que el bosque está vivo
cuando el bosque vivo te hable
descubrirás que tus afanes no sirven,
el bosque te dará nuevas ropas
siglos de corteza arrobadas de arrugas
de carnosas resinas bajo la piel del tronco
de savia enraizada, un manto verde te prestará
sus ropas
aliento nuevo,
una mirada pulida.

Violeta Percia. Poesía del Tanti Rao. 1a ed. México: Cactus del viento, 2019.
Descargar el libro completo aquí

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