Pedro Favaron (Perú)

Investigador académico, poeta, escritor, videasta y periodista peruano-argentino.

Doctor (Ph.D.) en Literatura, Universidad de Montréal. Se ha especializado en el estudio de los pueblos indígenas andinos, amazónicos y norteamericanos, desarrollando un pensamiento filosófico y ecológico a partir de la sabiduría ancestral de estas naciones y las ceremonias medicinales. Así mismo, ha trabajado en distintos temas de interculturalidad y en la generación de un diálogo respetuoso entre la modernidad y el pensamiento ancestral de los pueblos indígenas.

Posee el grado de magister en Comunicación y Cultura, otorgado por la facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Buenos Aires. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Publicó el libro de periodismo literario Caminando sobre el abismo: vida y poesía en César Moro. También el poemario Movimiento, editado en Buenos Aires, el poemario Oeste Oriental, editado en Lima, y el poemario Manantial Transparente, editado en México. Ha publicado también la novela Puka Allpa, viaje hacia la selva invisible, que ya tiene tres ediciones, en Lima, en Argentina y en México. También el ensayo académico Las visiones y los mundos: sendas visionarias de la Amazonía occidental, que tiene dos ediciones, una en Lima y la otra en Argentina.

Ha realizado performaces, obras de teatro, radio experimental, video-arte y dirección de cortos documentales y de pedagogía intercultural. Fue editor de la revista Distancia Crítica: aportes hacia una nueva conciencia social.

De forma paralela a su formación académica, ha trabajado desde 1998 investigando el uso de plantas medicinales y el conocimiento medicinal entre diferentes pueblos indígenas del continente americano, especialmente en Perú y Canadá. Es comunero empadronado de la comunidad nativa de Santa Clara de Yarinacocha, en la que ha fundado la clínica de medicina tradicional y centro de estudios ancestrales Nishi Nete.

Poemas selectos

Cabaña_Yarinacocha
Clínica Nishi Nete en Santa Clara de Yarinacocha, 2018

Prefacio del autor

Estos poemas me fueron surgiendo, sin artificio, poco a poco, durante mis estancias en los bosques húmedos de la selva peruana. Se deben al influjo y contemplación de estas rústicas geografías, y a la amistad de quienes las habitan. Aún resuenan en mí los silencios musicales de San Miguel del Río Mayo y de la quebrada frente a la casa de Don Cristóbal Salas; también, las cascadas de Shanao y el canto de una agreste ave en las alturas de Sisa. Algunos versos los escribí en mi retiro en la quebrada termal de Mayantuyacu, afluente del Pachitea, en el oriente de Huánuco, entre sabios árboles y la hospitalidad del maestro Juan Flores. Y otros tantos en el territorio comunal de Santa Clara de Yarinacocha, comunidad indígena de la que soy comunero empadronado; mis pulmones se han dilatado con las madrugadas de su lago, el trino de sus aves pescadoras, la ciencia aromática de sus plantas de bajial y las risas sencillas de mis familiares, nokon kaybo. Algunos pocos llegaron a mí en bosques de Canadá y del noreste de los Estados Unidos, sobretodo en la región montañosa de Les Laurentides, en Quebec. Estas diversas latitudes y temperaturas impregnaron mi espíritu, calmaron mi mente y renovaron mi retina. Desde niño he amado el alejarme del vértigo urbano. Y también la quietud que da origen al verbo sabio. He saciado la sed que desde mi primera juventud me inflamaba. En aislamiento purgativo, con austeros alimentos, me liberé del entendimiento estrecho; ahora sé conversar con vegetales y garzas, con aguas y rocas, con la íntima anatomía de mis células y el fulgor de las estrellas. Antiguos iluminados visitan mis sueños afortunados. Las medicinas indígenas del Norte y las de mi vasta y múltiple patria, han abierto mis sentidos internos; y el viejo libro del Tao y algunos poetas Chan y Zen han acompañado mis peregrinaciones, diciéndome: el dedo que apunta a la luna no es la luna. La luz se despierta en los respiros y encauza el andar. Conocerse a uno mismo es conocer a Dios vivo en cada pálpito. Es conocer quienes fuimos antes del nacimiento y quienes seremos tras la muerte. Comprendo ahora que cada ser vivo tiene inteligencia, sensibilidad y habla a quienes, por don del Gran Espíritu, recobran el asombro casto y la conciencia original. Todo comparte una misma procedencia; y a ese común origen elevo mis plegarias. Todo viene de Dios; y hacia ese manantial aéreo vuelven las almas puras.

40.

Ya no busca
mañana o ayer
ni adentro ni afuera.

Ya no busca.

No persigue
la rectitud suprema
ni rechaza el engaño.

No se envanece
su pensamiento
tratando de develar
los misterios

del protón
y las estrellas.

En su simpleza
vive sin esfuerzo
sin ansia o anhelo.

Ha retornado
a la rústica
pureza del silencio.

48.

El océano
gran vientre
del mundo

reposa
por debajo
de las cumbres.

En el océano
que reposa
por debajo
de las cumbres

confluyen
los ríos.

Los ríos
se acomodan
amorosos
en la humildad
del cuenco aldeano

y se disuelven
cuando alcanzan
la inmensidad del mar.

Sin ufanarse
ni luchar
se da el retorno.

Sin intenciones
de ganancia
se amplían los latidos.

Si gozas
lo imposible
de los latidos

conocerás
los confines

de Aquello
tan pequeño
que carece
de interior

y de Aquello
tan grande
que desconoce
el afuera.

Todo es uno
en el tiempo
suspendido

del comienzo
sin comienzo

que no cesa
de comenzar.

59.

En todo cuerpo
una chispa diáfana
habla y canta

en un lenguaje
sin palabras,

que nos mantiene
unidos a la luz.

¿Cuándo nació
ese idioma inadvertido
y siempre abierto

que nada designa
y todo lo preserva
inacabado y sin encierro?

¿Y cuándo el maestro
que predicó a cada célula
su innata pertenencia
a las cumbres deslumbradas?

La ciencia ilimitada
de los ángeles del buen sueño

es el vuelo indescifrable
del alma al liberarse.

63.

Liberado
el cuerpo
de los sueños

se navega
por mundos
invisibles

reencontrando
una playa
de beatitud
impronunciable

en la que se puede

estirar y palpar
los órganos
de la videncia

en posiciones
sagradas
de concentración
profunda

abrazado
por la existencia
como granos
de arena

y reír
la risa indesignada

entre ancestros
luminosos

vuelto a ser
imagen y semejanza

hombre originario.

71.

A Alberto Benavides

En un refugio
en la montaña
paso mis días
y mis noches

escuchando
el canto líquido
de la agreste ave

y el lenguaje
hondo y callado
de las plantas.

Sentado solo
bajo un árbol
junto al arroyo

el deseo vano
se disuelve
con las aguas

que sin prisa
ni detenerse,
van al gran río.

Cuan diferente
sería el mundo
si mis hermanos

escucharan
el dulce rumor
de la quebrada

manantial
de amor
en la raíz
del corazón.

 

Pedro Favaron. Manantial transparente. 2a ed. México: Cactus del viento, 2019.

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