Presentación en línea de «Del musgo germina un río: muestra de ecopoesía costarricense», 7 de febrero, 2026.

Cactus del viento y Ambiente Fractal los invitamos a la presentación del libro Del musgo germina un río: muestra de ecopoesía costarricense (2025). Este libro es el quinto tomo de la colección Poéticas de las Madre Tierra de la editorial Cactus del viento en colaboración con el Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra. Para esta presentación nos acompañarán los poetas antologados, los coordinadores de la edición y el escritor Ronald Campos. Los esperamos en este evento de recitación de poesía y reflexiones en torno a la naturaleza, la palabra y la ecología, en el espacio digital que nos une en distintos lugares y tiempos.

Lugar: Facebook live de @ambientefractal.

El libro lo puedes descargar gratuitamente en este enlace.

Presentación: Yaxkin Melchy y Ronald Campos.

Presentación de Ronald Campos:

Presentación-celebración de la antología

Del musgo germina un río. Muestra de ecopoesía costarricense

Dr. Ronald Campos López

Universidad de Costa Rica

¿Existe ecopoesía en el país más verde, ecológico, sostenible y biodiverso de Centroamérica y el mundo entero? Lejos de sonar irónico o pesimista ante las declaraciones de la recién electa presidenta, este lunes, sobre resucitar el proyecto de ley para reactivar la minería en Crucitas, muchas personas nos hemos planteado seriamente la pregunta de si se ha producido ecopoesía en Costa Rica. De entrada, uno podría suponer que claro, que sí; cómo no haberla con tanta naturaleza que nos rodea y que ha sido parte, en distintas gradaciones y funciones, en la literatura nacional. Lo cierto es que de buenas a primeras es difícil encontrarla, pero, si uno busca, encuentra.

Esta búsqueda viene motivando investigaciones filológicas como: “Horizontes verdes, horizontes apocalípticos: relaciones entre el ser humano y el mundo más-que-humano en la ecopoesía costarricense contemporánea (1985-2023)”, de las licenciadas Karen Alvarado, Valeria Solano (una de las comentadoras de esta antología) y Aneth Solís, de la Universidad de Costa Rica; o bien, la antología que hoy presentamos: Del musgo germina un río. Muestra de ecopoesía costarricense, de los editores Sebastián Miranda Brenes y Yaxkin Melchy.

Esta no es la primera antología de ecopoesía en el país, aunque sí la que mejor se consigue gracia a su formato digital y libre descarga en línea, pues de las anteriores pocos ejemplares se encuentran o conservan. Me refiero a Los signos vigilantes (1992), de Osvaldo Sauma; Madre nuestra, fértil tierra (1997), de Luissiana Naranjo; y Tertulia en el bosque (2003), de Sauma y Freddy Jones. Las tres recogen poemas sobre la salvaguardia de los ecosistemas. La de Naranjo deriva del I Encuentro Internacional “El poeta y su medio ambiente”, en el cual se debatió sobre el papel del artista frente al tema de la depredación, el resguardo de los recursos naturales y la preservación de la flora y la fauna. Por cierto, estos encuentros, organizados por Naranjo, se siguen dando cada año.

¿Cuál es la novedad, entonces, de esta nueva antología a la que Miranda Brenes y Melchy nos enlazan como ríos que volvemos al mismo musgo original? Propone unos primeros ecopoetas nacionales: Isaac Felipe Azofeifa, Fabián Dobles y Eunice Odio. Son aceptables sus argumentos y muestra. Queda para otras antologías o estudios revisar autores anteriores a ellos y ella, por ejemplos los modernistas o incluso un par de la Lira Costarricense de 1890. Así mismo, nos ofrece un panorama multigeneracional, con el fin de presentarnos cómo la cuestión ecológica va siendo cada vez más parte ineludible y constituyente de nuestra formación social, ideológica y poética. Para ello reúnes textos de 24 autorías, varias de ellas reconocidas y nos dan la oportunidad de conocer a otras poco visibilizadas, por ejemplo: Luis Jorge Poveda, Alejandro Cordero, Esteban Ramírez o Carolina Campos. Cada muestra, además, cuenta con introducciones que no pretenden ser exhaustivas, sino sugerentes para adentrarnos y acompañarnos en el terreno de la lectura. Es un logro el haber reunido a tal equipo de comentaristas críticos de Centroamérica y México para esta labor.

Así, la antología viene a actualizar, ampliar y a visibilizar con mucha más notoriedad y urgencia la existencia de la ecopoesía costarricense, sus temáticas, perspectivas, sensibilidades vivas y posibilidades de ecoescritura; la existencia de una serie de autoras y autores que hemos estamos escribiendo, diseminada o agrupadamente, este tipo de ecoliteratura y que tal vez no se nos conoce como ecopoetas. Porque, como critica Melchy (y este es otro aporte), el y la poeta deben desentumecer sus sentidos, practicar la contemplación, escuchar y conocer a los otros seres vivos, componentes abióticos y paisajes. Ejercitar, como diría Hermann Minkowski, la resonancia con el espacio, con el mundo-más-que-humano. Este es el principio básico de la ecopoesía; de ahí que Melchy llama a que el gremio literario e intelectual se autocritique, para que sepamos si en realidad estamos hablando de la naturaleza sin sentirla, sin vivirla, sin ser parte de ella o todo lo contrario; pues por mencionar un río, un ave, el mar, una flor, un animal o por tratarlos como símbolos u ornamentos no estamos componiendo un ecopoema.

Esta inquietud-regaño de los antologadores los lleva desde el inicio a establecer cuál tipo de ecopoemas desean compilar. En primer lugar, se acercan al concepto de ecopoesía, que ya Melchy nos presentó. En otro espacio, he definido la ecopoesía como una práctica de orientación ecocéntrica que concibe la naturaleza como una red viva de interdependencias en la que el sujeto lírico se reconoce situado ética, histórica y ecológicamente. Desde una conciencia ecológica, el ecopoema explora las relaciones entre el ser humano y la naturaleza sin renunciar a la complejidad estética ni derivar en discursos moralizantes o panfletos. Está caracterizada por una ética medioambiental, la atención a los ciclos, flujos y vínculos ecosistémicos, así como por una relación afectiva con lugares y especies. Su función crítica es indirecta: situar a la persona lectora en el entorno para favorecer su reconexión, conocimiento y convivencia con lo más-que-humano.

Partiendo de estos principios, Miranda Brenes y Malchy, en segundo lugar, delimitan las perspectivas de su selección ecopoética. Las quiero explicar basándome en los dones que, según el peruano Roberto Forns Broggi, la naturaleza le regala a la poesía latinoamericana. Los editores evitan a toda costa poemas escritos con el don del reparo; es decir, aquellos críticos y analíticos que denuncian y enfrentan los procesos de modernización y desaparición de ecosistemas, grupos culturales o cosmogonías, y proponen alternativas o soluciones al deterioro medioambiental. ¿No les suena extraño que no quieran compilar textos con este contenido? Alguien podría pensar de forma reducida que esta es la única y válida ecopoesía. A nuestros antologadores esto no les preocupa, porque prefieren apostar, cito a Melchy, por “el diálogo con la tierra que permitan el enriquecimiento de la conciencia ecológica, no desde un discurso vengativo y que incite a la confrontación, sino desde una sensibilidad en la que prime la voz de escucha, comunión, belleza y sabiduría con la red sagrada de la vida” (p. 259). Y hacen bien; hemos sido testigos recientemente de que la confrontación y las divisiones llevan a falta de soluciones; es “un diálogo entre todo lo existente” lo que compone y sostiene la naturaleza. Aun así, en algunos de los poemas resulta inevitable no encontrar versos de denuncia, como los de Laureano Albán o Nidia Marina González contra el maltrato de especies percibidas como inferiores (arácnidos como el alacrán o la araña); los de Carolina Campos sobre la pérdida de manglares por la industria hotelera, la urbanización y la contaminación; o los de Joset André Navarro contra la cacería y venta de caimanes.

Miranda Brenes y Melchy prefieren buscar, por una parte, la poesía escrita con el don de la hospitalidad: con el pensamiento ecológico como respuesta a la ilimitada capacidad de acogida del paisaje y la vida misma, entendiendo estos como casa (oikos), y que nos lleva a (re)conocer, observar, indagar, cuidar y sentir afectos por las especies, su materialidad, su biología, comportamientos, redes tróficas, simbiosis, y aun por los componentes abióticos que ocupan los paisajes; o bien todo lo que nuestros cuerpos albergan del mundo-más-que-humano. Podemos encontrar la primera cuenca en la topofilia señalada por Marianella Sáenz en “Conmigo”, de Arabella Salaverry: “Puerto Limón/ herida de lluvia y sol.// Intento/ olvidar la voz de las palmeras/ la piel del mango/ el tacto del jazmín/ de la magnolia/ el olor de la guanábana/ del ilán ilán enredado en el mar” (p. 92). Así mismo, la hallamos en la síntesis lograda por Cristy van der Laat en sus haikus, pues como dice Esteban Ramírez: “Con solo diecisiete sílabas, intenta capturar ese momento de claridad y comunión con nuestro entorno. Es una invitación a detenernos y prestar atención en nuestro mundo de ruido y distracciones” (p. 106). Hacia ello se encaminan igualmente los poemas breves de Esteban Ramírez, “capaces de abrirnos ‒dice Miranda Brenes‒ caminos interiores, para iniciar nuestra propia búsqueda en medio de la bruma, o del diluvio o del silencio de un templo al que llamamos poesía” (p. 197). El don de la hospitalidad así mismo nos lleva a reconocer, más allá de una simple prosopopeya, el animismo de especies, por ejemplo, porque no se trata de darles cualidades humanas o dotarlas de vida, sino de reconocer su vitalidad; de ahí que en varios poemas nos hablen estos otros seres. Otro ejemplo de notoria ecoalfabetización y ecoafectividad la encontramos en los ecopoemas de Navarro, cuyo ecocentrismo se enfoca en los ofidios, pero también en tortugas, cocodrilos y lagartijas, tal y como ampliamente comenta el panameño Jhavier Romero.

La segunda cuenca, esa que lleva a que el ser humano albergue a lo-más-que-humano, lleva a preguntarnos hasta qué punto usar elementos naturales para metaforizar el cuerpo evidencia ética y ecológicamente una unión o resulta simplemente un artificio. Por suerte, Miranda Brenes y Melchy nos ofrecen casos donde la indistinción entre lo humano y lo-más-que-humano permite ir a uno a través del otro y viceversa; como en el erotismo de “Aprisionada por la espuma”, de Eunice Odio: “Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,/ igual que van los ríos a los pájaros/ y ellos al espacio desatado y florido” (p. 50). O en el devenir pájaro en el poema IV de Salaverry: “Esta noche me arrullé pájaro/ Yo-pájaro/ Conjunción y oponente/ una sílaba breve/ La separo/ y/ o/ y pájaro/ o ala” (p. 87).

Por otra parte, el don de la celebración convoca proyectos abiertos y transversales de integración cósmica y sostenible, evitando la separación moderna cultura/naturaleza. Gracias a este don, sigue latiendo en el ecopoesía costarricense, lo quieran o no, lo acepten o no, el trascendentalismo que tantos detractores ha tenido en el campo literario. Sigue latiendo, porque este movimiento literario, o más bien esta formación discursiva que el Dr. Francisco Rodríguez ha demostrado pervive desde la Lira costarricense hasta gran parte de nuestra poesía contemporánea, y la ecopoesía comparten principios: la contemplación de mundo y la búsqueda de un ser trascendente. Aquella permite tanto descubrir, observar, aprehender fenomenológicamente la materialidad de las plantas, los animales, los ecosistemas, las redes de vida; así como promover la (re)unión del ser humano con ese Ser trascendente (una fuerza telúrica o mítica, un bosque, un paisaje, el cosmos). En este sentido, no resulta arbitrario que estemos escribiendo y hablando desde y sobre el ámbito místico, ecoespiritual. Me referiré a este punto con el siguiente don; sin embargo, un ejemplo de este trascendentalismo ecológico se puede encontrar en la (con)fusión de los cuerpos de dos hombres con la naturaleza al hacer el amor, en “Cósmica habitación”, o las múltiples formas naturales que los conforman y con los que están conectados, en “Abismar el enigma”, de un tal Ronald Campos.

A través de la inmensidad, de lo sublime, también se canta esta celebración, pues la hipérbole del gigante se presenta una alteridad majestuosa, suprema; por ejemplo: los altos árboles del bosque, en “Fuego sobre la tierra”, de Azofeifa; “Este es el bosque”, de Odio; en un haiku, de Van der Laat; o en “Marina”, de Macarena Barahona. Gigante también puede ser la luna, como en “Cuerpo que promete escamas”, también de Barahona. O incluso un humano para una arañita que le teme a ese monstruo peligro, en “Hiperbole”, de González. Pero el ser humano no siempre es un descomunal destructor; también anhela ser un gigante para tener una agencia más abarcadora, poderosa, que demuestre el verdadero potencial humano, cuando se lo quiere usar para limpiar todos los ríos, sembrar nuevas semillas y reforestar la tierra, como propone Luis Jorge Poveda en “Déjame ser un gigante”. Todas estas formas gigantescas representan, en fin, el deseo de (re)conectar con el Ser menos metafísico, más material. El trascendentalismo, en definitiva, está en parte de la ecopoesía celebratoria. Algunos de los poemas de esta antología nos lo revelan y este es otro aporte, porque quizá no lo habíamos visto o entendido de esta manera.

Por último, el don de la voz femenina permite a las poetas rehuir las imposiciones patriarcales y capitalistas que subordinan, violentan y explotan sus cuerpos y los de la naturaleza; representar lo femenino como una fuerza dinámica e interdependiente con el mundo-más-que-humano; abordar holísticamente las cosmovisiones y la ancestralidad indígenas; celebrar y ritualizar el tejido integral de la vida; desplazar la supremacía cristiana por ecoespiritualidades alternativas; plantear relaciones más saludables con la humanidad y la naturaleza, entre otros fines. He de decir que algunos hombres también vehiculizamos esta voz ecofeminista, como también algunas mujeres no solo hablan de estos temas y manifiestan en sus textos los otros dones. Redunda significativamente en la muestra el abordaje de la ecoespiritualidad en torno a la materialización de Gaia o Pachamama en la figura de la Madre Tierra, en poemas de Mía Gallegos, Guadalupe Urbina, Marianella Sáenz o Paola Valverde; o en la figura de la maga, en el poema homónimo de Barahona. Los rituales y la etnobotánica se poetizan trascendentalmente en los textos de Valverde.

Después de haber expuesto sobre los dones de la hospitalidad, la celebración y la voz femenina, me vuelvo a preguntar: ¿por qué eligieron estos dones los antologadores? Encuentro una respuesta en el reel que invito vean a través de este QR; me lo compartió hace un mes Sebastián. En el reel nos hablan sobre nuestra responsabilidad de profetizar y, por tanto, crear con la literatura un futuro mejor, un mundo reconectado. Hablamos de otro tipo de conectividad: una que nos lleve a los orígenes, nos invite a asalvajarnos como diría Gary Snyder, a vivir en comunión y, por consiguiente, nos repare y nos mueva a reparar el mundo. Así como lo oyen: sin querer queriendo, el don del reparo, aunque Sebastián y Yaxkin dijeran que no, sí está presente, porque los cuatro dones están imbricados.

En definitiva, Del musgo germina un río constituye un tejido de sensibilidades vivas, de energías y formas representadas, de una ética medioambiental, de una conciencia ecológica, de una actitud contemplativa y celebradora, de hospitalidad hacia lo viviente y de escucha profunda del mundo-más-que-humano. Toda esta antología es un lenguaje mancomunado que pretende reunir y reconectar saberes, cuerpos, territorios y afectividades en sintonía con la Tierra, entendida no como objeto o recurso, sino como paisaje, comunidad, casa compartida y entramado de interdependencias. Por eso, no es de extrañar que también recolecte tradiciones literarias como el haiku, textos que experimentan con el lenguaje científico y géneros literarios, porque la hibridez genérica, que encontramos en los poemas en prosa de Carlos Villalobos, Fabián Coto, Alejandro Cordero y Carolina Campos, evidencia esa red de formas y zonas de contacto, que potencian narración o crónica y descripción paisajística, meditación e imágenes, figuración y ritmo, entre otros recursos, para vehiculizar otras lógicas, otras formas de pensar y decir el estar en el mundo, la necesidad de crear nuevas formas de ecoescritura; la necesidad de proyectos estético-ideológicos de renovación y armonización en el posthumanismo. En el fluir de voces, generaciones, registros y formas, la ecopoesía reunida en Del musgo germina un río no propone respuestas cerradas, sino modos de habitar poéticamente, de reaprender la contemplación, de ensayar vínculos éticos y sensibles que restituyan la posibilidad de una convivencia más justa, sustentable y plural con lo vivo.

Espero que estas orientaciones les permitieran a las personas lectoras emboscarse en esta antología e interpretar con mayor alcance los ecopoemas. Sin embargo, siempre contarán con las introducciones de las personas comentaristas, previas a cada muestra. Felicito a cada una de ellas. Felicito a Sebastián y Yaxkin por esta iniciativa, que se suma a otras cuatro antologías. En conjunto, dan a conocer no solo la ecopoesía costarricense, sino también latinoamericana y facilitan su acceso. Por eso, invito a que descarguen esta y demás antologías en el sitio www.cactusdelviento.com Muchas gracias.

Programa
Mesa de presentación:

Sebastián Miranda (moderador)
Yaxkin Melchy (desde Japón)
Ronald Campos (Costa Rica)

Mesa de lectura de poesía

mesa 1
Arabella Salaverry
Nidia Marina González Vásquez
Fabián Coto Chaves
Ronald Campos López

mesa 2
Mía Gallegos
Carlos Villalobos
Alejandro Cordero
Carolina Campos

mesa 3
Cristy van der Laat
Marianella Sáenz Mora
Esteban Alonso Ramírez Hernández
Joset André Navarro Abarca

mesa 4
Macarena Barahona Riera
Dennis Ávila
Paola Valverde Alier
Alelí Prada

Esta presentación es una celebración de tres años de esfuerzo que han dado como resultado este entretejido que une la palabra poética, las artes y la naturaleza.

Compartimos algunas impresiones que surgieron durante la presentación de la muestra y le dan sentido a la Colección Ecopoéticas de la Madre Tierra de Cactus del viento:

Agradezco la sensación de esperanza de que proyectos como este existan en un mundo en el que se ha vuelto más fácil imaginar la destrucción del mundo antes que la posibilidad de otro.

Agradezco que es un libro muy sólido y su formato nos lleva a profundidad. Cada poema nos toca, nos pertenece, nos enriquece a los demás. Este es un acto de resistencia ante un mundo que se desmorona, que se está descorazonando.

Esta es una antología con corazón, hecha con corazón.

Finalmente, Cactus del viento expresa su gratitud con Sebastián Miranda, escritores, poetas y todas las personas que hicieron posible este libro. Esperamos que el mismo encuentre pronto nuevos canales y medios de difusión dentro y fuera de Costa Rica. Agradecemos todas las voces de una nueva constelación de diálogo con la tierra.

La Colección Poéticas de la Madre Tierra que nació del diálogo entre Yaxkin Melchy y Pedro Favarón en la selva amazónica tiene un enfoque ecopoético del diálogo con los territorios, una perspectiva indígena y ambiental, y la propuesta de ampliar los horizontes de lo poético más allá de los anquilosados canones literarios.

Gracias tierra querida.

2 comentarios en “Presentación en línea de «Del musgo germina un río: muestra de ecopoesía costarricense», 7 de febrero, 2026.

  1. Hola Yaxkin!

    Saludos y buen año!

    Que hermoso anuncio y evento. ¿Se podrá acceder al «live» si una no ocupa cuenta de Facebook?

    Gracias, Claudia en Arizona

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    • Hola Claudia,

      Gracias por preguntar.

      Te informo que se podrá acceder a la presentación del libro desde el canal de Youtube de Ambiente Fractal en:

      Allí, podrás verlo en vivo y después de la transmisión.

      Te envío mis saludos.
      Yaxkin

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