Arroyo por Fernando Alarriba y Edén Martínez (Mazatlán, México)

Arroyo jabalines, Mazatlán, México
Poesía: Fernando Alarriba
Fotografía: Edén Martínez


Arroyo



Todos los seres tiemblan ante la violencia.
Todos temen la muerte, todos aman la vida.


Buda

He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad.


Manuel Maples Arce

I

Encontraron un cadáver en el arroyo.

Ahí tiramos al Jaibo.
Lo acribillamos con un rifle de copas
y lo lanzamos desde un puente para que lo arrastrara la corriente.

Desde entonces llevo un animal hundido en las aguas de la infancia.

Hoy arrojaron un cuerpo quemado y acuchillado
para ocultarlo entre el mangle y la basura
e hinchar el hedor solar que reina en el cuerpo del arroyo.

Desde ahora llevaré un cadáver hundido en las aguas del mañana.
Sería mejor enterrarlo.
Desecar su agonía y sepultarla.

Si el mar fue devorado por mares de cemento,
si la ciudad creció sobre cuerpos de agua,
¿Por qué no sepultar esta lágrima?

Esta fosa común
este tiradero,
es un mar de llagas
entre casa enanas y ojos apagados.

Esta fosa común,
este cuerpo podrido
florece lejos del amarillo amargo mar
y sus tardes alucinadas.

Navegaré en sus venas.
Navegaremos en esta zanja negada al oro
y la blancura de esta ciudad ebria
de palacios y torres vacías.

Iremos más allá de este paraje de banderas a media asta
para nombrar la ciudad hundida.
II

Arriba,
en el Ejido de La Higuera,
despierta el arroyo.

Su rumor lame la tierra
e inflama el canto de las aves.

Un verdor inconcebible brota de su paso
de serpiente henchida de lodo
de espina, flor
y voz de monte.

La luz nada en su caída,
en el calor que todo lo preña,
en las osamentas que relinchan
y desploman sus hocicos en tierra.

Sus aguas nutrirán al Huanacaxtle,
conocerán el asfalto,
los pies de niños que juegan salpicados
por voces de motores y urracas.

III

El arroyo es la baba del progreso.

El mar,
la ciudad destino,
está allá, a tiro de piedra.

Autobuses,
motos en desbandada,
horas y horas al galope
de caballos de potencia
que se ahogan en la mancha urbana,
en la ciudad desbordada
por kilómetros cables,
torres eléctricas de adolescentes suicidas,
paisajes saturados de pieles prietas
que inundarán las torres frente al mar.
IV

En el centro, como una vena rota,
Los Jabalines parten Mazatlán
multiplicando su flujo inagotable,
hinchándolo de óxido
de mierda,
torrentes de plástico
sudores de gusanos y llantas destripadas
cociéndose al sol
del Mare Nostrum.

Ciudad hecha y deshecha
por manos brotadas
de los bordes del arroyo,
entre el agua podrida,
espejo que humea
y vomita islas de láminas aferradas al cieno,
a la baba gris de los drenajes,
a la urbe que florece temblando
bajo el cántico solar.

La ciudad es el arroyo,
la baba del progreso
que alumbrará el mar.

V

Bajo el puente del Renacimiento,
en una garganta negra
ahorcada de pus, grafiti y chemo, 
una mujer y un hombre nos observan.

Llevan la agonía en el rostro
y sus cuerpos se ahogan
en esta isla gobernada
por una ardiente miseria.

Cerca de ellos,
hay un cuerpo tapado
por una sábana negra.

Sus pies,
tatuados por una película de carbón y mugre
revelan extravíos

sueños del cristal
arponazos  
robos

semáforos en ámbar.
Arriba,
entre el vértigo del diésel,
otros hombres y mujeres van día y noche,
como el arroyo,
asfixiados por sus propios extravíos 
sin saber nada de aquella tumba
con tres cuerpos pudriéndose  
en el vientre de esta pequeña urbe.
VI

Bajo el temblor del tren
un grupo de tortugas busca el sol
y una parvada de patos sale disparada
con el rugido de las motos de dos Halcones que rondan el sitio.

Sus ojos sumidos de tanta noche
vigilan la frontera:
un horizonte de azul acero surcado por
estudiantes vestidas de cielo,
amas de casa con Menudo en mano
y albañiles con muros en los dedos.

Los Halcones son los ojos de señores
que extienden sus reinos sobre el arroyo.

Reinos poblado por migrantes
que asoman sus cabezas desde un cuartucho
repleto de Habichuelas.

Pasaron la madrugada
jugado los pesos
a la luz de la Máquina Loca
y el humo lacio de la mota.

Ahora, mientras mastican tortillas,
esperan que La Bestia
los lleve lejos,
a la estación final de su naufragio.

Uno de ellos,
escapulario en mano,
reza:

Santa Muerte…
si ojos tienen
que no me vean.
Si manos tienen
que no me toquen.
Si pies tienen
que no me alcancen.

No permitas que me
sorprendan por la espalda.
No permitas que mi sangre
se derrame.

No permitas que mi muerte
sea violenta.



Bajo los puentes
hay ciudades rotas
derramando sus lenguas
en el flujo ignorado de nuestras aguas.

Bajo los puentes,
hay almas se arrojan a la voz del arroyo…

A mí me enseñaron los trampas.

Me enseñaron a identificar la palma hembra,
a hablarle y pedirle protección
a la hora de arrancar sus hojas.


Víctor Gabriel,
guatemalteco, hondureño, mexicano, haitiano
oculto en las faldas del arroyo,
teje garzas y Cristos de palma
que venderá en los semáforos bajo el calor animal de agosto.

Víctor Gabriel teje y reza para que su paso por esta tierra sea breve,
para que las manos de los señores no lo arrastren,
para no terminar flotando entre el mangle y la basura.
VII

Como ellos,
aferrados al lodo,
al temblor del agua podrida,
peces, garzas, renacuajos
y otros misterios
gobiernan el arroyo
en formas indescifrables.

Fauna de barrio,
Acuario de cholos,
naturaleza pululando en las aguas
de este paisaje de deshechos,
vientre de prodigios
como la locomotora que rompe la mañana
o la excavadora que le raja la garganta al lecho
para evitar que las lluvias nos ahoguen.

Para impedir que el arroyo nos arrase
junto al resto de los animales
y no quede en pie ni una casa
ni una placa de aerosol
en el rostro de los muros
que cuentan las historias
de nuestras ciudades perdidas.
VIII

La Termo ruge y sacude sus humos en el aire cargado;
dióxidos y monóxidos flotan pesadamente sobre El Castillo.

Las turbinas convulsionan el estero para encender La Perla.
600 mil kilowatts quemando branquias,
quemando pieles en Santa Fe y La Sirena,
quemando la corriente que llegará jadeante al Infiernillo,
a la boca del manglar,
coloso de agua
espejismo
sueño de la ciudad desfallecida,
tu dulce cuerpo carcomido
invadido
hecho colonia a machetazo y lumbre
recibe el último suspiro del arroyo.
IX

En este albur de pescadores,
entre el orín de los adictos
y el trajín sudoroso de putas y patrullas
cruje el costillar de los humedales.

Malecón de los Pobres,
tu nombre adorna la miseria
de metros cuadrados de tendederos y roca,
trozos de tierra peleados con los dientes,
a navajazo limpio,
ofreciéndole el corazón a Malverde
o un billete a quien sea necesario.

Sembrando jardines de sábila y albahaca,
edificando torres con jabas y palmeras,
poder, violencia, crimen,
también en esta orilla trabajamos…
lo mismo, pero más barato.

Aquí, bajo el colosal amparo de las grúas,
entre anzuelos y lanchas lustrosas
de aceite de motor,
el arroyo dormirá su sueño de sal.
X

A la espera de la tormenta,
a la espera de la resurrección del arroyo violado,
a la espera del relámpago
y la luz salvaje
yo encenderé otras luces.

Una veladora en lo alto del cerro,
otra a los pies de la Virgen del asfalto,
una que sahume el ropaje de la Santa Muerte.

Encenderé la misa en las calles.

Una oración que ilumine el fondo de los puentes,
las camas de cartón,
los crucifijos rotos,
las miradas que buscan las estrellas
entre lágrimas ahogadas de madrugada.

Habrá una luz por cada araña,
por la luz amarilla del capiro,
por el cangrejo naranja y las abejas.

Habrá una luz por el vuelo seguro de las aves migratorias,
por el agua enferma que lavará el mañana,
por las almas arrasadas en el agua furiosa del arroyo.

Arrojaré una luz por la ciudad que encontrará su destino
en los brazos en cruz del glorioso Huanacaxtle.

Alumbraré catedrales por el mar que respira a lo lejos
erizado de veladoras rojas
encendidas por oscuros marineros que lloran su regreso.

Habrá un canto en la piel del mangle,
en el aroma verde de la infancia
que alaba su hermosura,
su cuerpo simple, pero eterno.

Habrá un rezo por la lujuria
de jóvenes hombres y mujeres,
adolescentes por siempre engarzados
a la humedad del arroyo
en el que probaron sus primeros desvaríos.

Arroyo,
indómita Natura fiel al caos,
al animal impredecible que lo mira
y que mira en su dolor el palpitar de su propia miseria.


Encenderé una luz por ti, por mí.



Habrá una luz surcando el arroyo,
acompañando la voz de la corriente,
navegando la historia de sus aguas,
el necio palpitar de ese cuerpo
lenta y brutalmente corrompido
que siempre llegará al mar.


Sobre este territorio

Actualmente, el Arroyo de los Jabalines atraviesa la ciudad de Mazatlán de norte a sur por más de 12 kilómetros sobreviviendo y atestiguando una nueva explosión urbana.
El poema “Arroyo” y las imágenes que lo acompañan son una celebración y una reflexión sobre las especies (incluyendo la nuestra) que crecen y luchan por vivir en ese entorno.
Asimismo, este trabajo es una invitación a ampliar la idea de lo que es Mazatlán, una ciudad compleja y diversa que hace mucho tiempo dejó de crecer a orillas del mar y que, en ese proceso, ha dado lugar a otros espacios, sensibilidades, imaginarios y símbolos de identidad.

Proyecto completo: https://www.instagram.com/el.arroyo25/


Sobre los autores

Fernando Alarriba
Mazatlán, Sinaloa


Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Tiene una especialización en Gestión Cultural y Políticas Culturales de parte de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. En 2013 Fondo Editorial Tierra Adentro publicó su poemario “Loto”. Sus poemas aparecen en las antologías “Poetas del sur de Sinaloa” (2014), “Una fiera lentísima” (Muestra de poesía sinaloense” (2017) y “La liebre es ligera”. Muestra de poesía sinaloense joven 1982-1997 (2018)”.

Es coautor del libro “Las rompientes rumorosas: 30 años de literatura mazatleca” (2018). Sus poemas han sido traducidos al inglés y han aparecido en revistas como “La otra”, “Planisferio”, “Aldea 21” y “Revista Alcantarilla”. Su libro “De este mar” fue publicado en 2023 por Ediciones del Olvido como parte de la colección “Cigarra, poesía mexicana”. Es codirector y coproductor del documental «El Clavadista» (2024).

Edén Martínez
Mazatlán, Sinaloa

Es docente, gestor cultural y productor audiovisual originario de Mazatlán. Maestrante en Dirección de Organizaciones Turísticas por la UAS.
Desde 2017 coordina el Cinematógrafo “Marco Lugo” como docente y productor de cortometrajes. Forma parte del equipo de El Arroyo, intervención artística en el Arroyo de los Jabalines.
Es autor del texto «El canto del gallo» incluido en Guion en corto Vol. II, antología mexicana de guiones. Expositor en el Artwalk en Mazatlán con 3 de sus obras fotográficas.

Presentación en línea de «Del musgo germina un río: muestra de ecopoesía costarricense», 7 de febrero, 2026.

Cactus del viento y Ambiente Fractal los invitamos a la presentación del libro Del musgo germina un río: muestra de ecopoesía costarricense (2025). Este libro es el quinto tomo de la colección Poéticas de las Madre Tierra de la editorial Cactus del viento en colaboración con el Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra. Para esta presentación nos acompañarán los poetas antologados, los coordinadores de la edición y el escritor Ronald Campos. Los esperamos en este evento de recitación de poesía y reflexiones en torno a la naturaleza, la palabra y la ecología, en el espacio digital que nos une en distintos lugares y tiempos.

Lugar: Facebook live de @ambientefractal.

El libro lo puedes descargar gratuitamente en este enlace.

Presentación: Yaxkin Melchy y Ronald Campos.

Presentación de Ronald Campos:

Presentación-celebración de la antología

Del musgo germina un río. Muestra de ecopoesía costarricense

Dr. Ronald Campos López

Universidad de Costa Rica

¿Existe ecopoesía en el país más verde, ecológico, sostenible y biodiverso de Centroamérica y el mundo entero? Lejos de sonar irónico o pesimista ante las declaraciones de la recién electa presidenta, este lunes, sobre resucitar el proyecto de ley para reactivar la minería en Crucitas, muchas personas nos hemos planteado seriamente la pregunta de si se ha producido ecopoesía en Costa Rica. De entrada, uno podría suponer que claro, que sí; cómo no haberla con tanta naturaleza que nos rodea y que ha sido parte, en distintas gradaciones y funciones, en la literatura nacional. Lo cierto es que de buenas a primeras es difícil encontrarla, pero, si uno busca, encuentra.

Esta búsqueda viene motivando investigaciones filológicas como: “Horizontes verdes, horizontes apocalípticos: relaciones entre el ser humano y el mundo más-que-humano en la ecopoesía costarricense contemporánea (1985-2023)”, de las licenciadas Karen Alvarado, Valeria Solano (una de las comentadoras de esta antología) y Aneth Solís, de la Universidad de Costa Rica; o bien, la antología que hoy presentamos: Del musgo germina un río. Muestra de ecopoesía costarricense, de los editores Sebastián Miranda Brenes y Yaxkin Melchy.

Esta no es la primera antología de ecopoesía en el país, aunque sí la que mejor se consigue gracia a su formato digital y libre descarga en línea, pues de las anteriores pocos ejemplares se encuentran o conservan. Me refiero a Los signos vigilantes (1992), de Osvaldo Sauma; Madre nuestra, fértil tierra (1997), de Luissiana Naranjo; y Tertulia en el bosque (2003), de Sauma y Freddy Jones. Las tres recogen poemas sobre la salvaguardia de los ecosistemas. La de Naranjo deriva del I Encuentro Internacional “El poeta y su medio ambiente”, en el cual se debatió sobre el papel del artista frente al tema de la depredación, el resguardo de los recursos naturales y la preservación de la flora y la fauna. Por cierto, estos encuentros, organizados por Naranjo, se siguen dando cada año.

¿Cuál es la novedad, entonces, de esta nueva antología a la que Miranda Brenes y Melchy nos enlazan como ríos que volvemos al mismo musgo original? Propone unos primeros ecopoetas nacionales: Isaac Felipe Azofeifa, Fabián Dobles y Eunice Odio. Son aceptables sus argumentos y muestra. Queda para otras antologías o estudios revisar autores anteriores a ellos y ella, por ejemplos los modernistas o incluso un par de la Lira Costarricense de 1890. Así mismo, nos ofrece un panorama multigeneracional, con el fin de presentarnos cómo la cuestión ecológica va siendo cada vez más parte ineludible y constituyente de nuestra formación social, ideológica y poética. Para ello reúnes textos de 24 autorías, varias de ellas reconocidas y nos dan la oportunidad de conocer a otras poco visibilizadas, por ejemplo: Luis Jorge Poveda, Alejandro Cordero, Esteban Ramírez o Carolina Campos. Cada muestra, además, cuenta con introducciones que no pretenden ser exhaustivas, sino sugerentes para adentrarnos y acompañarnos en el terreno de la lectura. Es un logro el haber reunido a tal equipo de comentaristas críticos de Centroamérica y México para esta labor.

Así, la antología viene a actualizar, ampliar y a visibilizar con mucha más notoriedad y urgencia la existencia de la ecopoesía costarricense, sus temáticas, perspectivas, sensibilidades vivas y posibilidades de ecoescritura; la existencia de una serie de autoras y autores que hemos estamos escribiendo, diseminada o agrupadamente, este tipo de ecoliteratura y que tal vez no se nos conoce como ecopoetas. Porque, como critica Melchy (y este es otro aporte), el y la poeta deben desentumecer sus sentidos, practicar la contemplación, escuchar y conocer a los otros seres vivos, componentes abióticos y paisajes. Ejercitar, como diría Hermann Minkowski, la resonancia con el espacio, con el mundo-más-que-humano. Este es el principio básico de la ecopoesía; de ahí que Melchy llama a que el gremio literario e intelectual se autocritique, para que sepamos si en realidad estamos hablando de la naturaleza sin sentirla, sin vivirla, sin ser parte de ella o todo lo contrario; pues por mencionar un río, un ave, el mar, una flor, un animal o por tratarlos como símbolos u ornamentos no estamos componiendo un ecopoema.

Esta inquietud-regaño de los antologadores los lleva desde el inicio a establecer cuál tipo de ecopoemas desean compilar. En primer lugar, se acercan al concepto de ecopoesía, que ya Melchy nos presentó. En otro espacio, he definido la ecopoesía como una práctica de orientación ecocéntrica que concibe la naturaleza como una red viva de interdependencias en la que el sujeto lírico se reconoce situado ética, histórica y ecológicamente. Desde una conciencia ecológica, el ecopoema explora las relaciones entre el ser humano y la naturaleza sin renunciar a la complejidad estética ni derivar en discursos moralizantes o panfletos. Está caracterizada por una ética medioambiental, la atención a los ciclos, flujos y vínculos ecosistémicos, así como por una relación afectiva con lugares y especies. Su función crítica es indirecta: situar a la persona lectora en el entorno para favorecer su reconexión, conocimiento y convivencia con lo más-que-humano.

Partiendo de estos principios, Miranda Brenes y Malchy, en segundo lugar, delimitan las perspectivas de su selección ecopoética. Las quiero explicar basándome en los dones que, según el peruano Roberto Forns Broggi, la naturaleza le regala a la poesía latinoamericana. Los editores evitan a toda costa poemas escritos con el don del reparo; es decir, aquellos críticos y analíticos que denuncian y enfrentan los procesos de modernización y desaparición de ecosistemas, grupos culturales o cosmogonías, y proponen alternativas o soluciones al deterioro medioambiental. ¿No les suena extraño que no quieran compilar textos con este contenido? Alguien podría pensar de forma reducida que esta es la única y válida ecopoesía. A nuestros antologadores esto no les preocupa, porque prefieren apostar, cito a Melchy, por “el diálogo con la tierra que permitan el enriquecimiento de la conciencia ecológica, no desde un discurso vengativo y que incite a la confrontación, sino desde una sensibilidad en la que prime la voz de escucha, comunión, belleza y sabiduría con la red sagrada de la vida” (p. 259). Y hacen bien; hemos sido testigos recientemente de que la confrontación y las divisiones llevan a falta de soluciones; es “un diálogo entre todo lo existente” lo que compone y sostiene la naturaleza. Aun así, en algunos de los poemas resulta inevitable no encontrar versos de denuncia, como los de Laureano Albán o Nidia Marina González contra el maltrato de especies percibidas como inferiores (arácnidos como el alacrán o la araña); los de Carolina Campos sobre la pérdida de manglares por la industria hotelera, la urbanización y la contaminación; o los de Joset André Navarro contra la cacería y venta de caimanes.

Miranda Brenes y Melchy prefieren buscar, por una parte, la poesía escrita con el don de la hospitalidad: con el pensamiento ecológico como respuesta a la ilimitada capacidad de acogida del paisaje y la vida misma, entendiendo estos como casa (oikos), y que nos lleva a (re)conocer, observar, indagar, cuidar y sentir afectos por las especies, su materialidad, su biología, comportamientos, redes tróficas, simbiosis, y aun por los componentes abióticos que ocupan los paisajes; o bien todo lo que nuestros cuerpos albergan del mundo-más-que-humano. Podemos encontrar la primera cuenca en la topofilia señalada por Marianella Sáenz en “Conmigo”, de Arabella Salaverry: “Puerto Limón/ herida de lluvia y sol.// Intento/ olvidar la voz de las palmeras/ la piel del mango/ el tacto del jazmín/ de la magnolia/ el olor de la guanábana/ del ilán ilán enredado en el mar” (p. 92). Así mismo, la hallamos en la síntesis lograda por Cristy van der Laat en sus haikus, pues como dice Esteban Ramírez: “Con solo diecisiete sílabas, intenta capturar ese momento de claridad y comunión con nuestro entorno. Es una invitación a detenernos y prestar atención en nuestro mundo de ruido y distracciones” (p. 106). Hacia ello se encaminan igualmente los poemas breves de Esteban Ramírez, “capaces de abrirnos ‒dice Miranda Brenes‒ caminos interiores, para iniciar nuestra propia búsqueda en medio de la bruma, o del diluvio o del silencio de un templo al que llamamos poesía” (p. 197). El don de la hospitalidad así mismo nos lleva a reconocer, más allá de una simple prosopopeya, el animismo de especies, por ejemplo, porque no se trata de darles cualidades humanas o dotarlas de vida, sino de reconocer su vitalidad; de ahí que en varios poemas nos hablen estos otros seres. Otro ejemplo de notoria ecoalfabetización y ecoafectividad la encontramos en los ecopoemas de Navarro, cuyo ecocentrismo se enfoca en los ofidios, pero también en tortugas, cocodrilos y lagartijas, tal y como ampliamente comenta el panameño Jhavier Romero.

La segunda cuenca, esa que lleva a que el ser humano albergue a lo-más-que-humano, lleva a preguntarnos hasta qué punto usar elementos naturales para metaforizar el cuerpo evidencia ética y ecológicamente una unión o resulta simplemente un artificio. Por suerte, Miranda Brenes y Melchy nos ofrecen casos donde la indistinción entre lo humano y lo-más-que-humano permite ir a uno a través del otro y viceversa; como en el erotismo de “Aprisionada por la espuma”, de Eunice Odio: “Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,/ igual que van los ríos a los pájaros/ y ellos al espacio desatado y florido” (p. 50). O en el devenir pájaro en el poema IV de Salaverry: “Esta noche me arrullé pájaro/ Yo-pájaro/ Conjunción y oponente/ una sílaba breve/ La separo/ y/ o/ y pájaro/ o ala” (p. 87).

Por otra parte, el don de la celebración convoca proyectos abiertos y transversales de integración cósmica y sostenible, evitando la separación moderna cultura/naturaleza. Gracias a este don, sigue latiendo en el ecopoesía costarricense, lo quieran o no, lo acepten o no, el trascendentalismo que tantos detractores ha tenido en el campo literario. Sigue latiendo, porque este movimiento literario, o más bien esta formación discursiva que el Dr. Francisco Rodríguez ha demostrado pervive desde la Lira costarricense hasta gran parte de nuestra poesía contemporánea, y la ecopoesía comparten principios: la contemplación de mundo y la búsqueda de un ser trascendente. Aquella permite tanto descubrir, observar, aprehender fenomenológicamente la materialidad de las plantas, los animales, los ecosistemas, las redes de vida; así como promover la (re)unión del ser humano con ese Ser trascendente (una fuerza telúrica o mítica, un bosque, un paisaje, el cosmos). En este sentido, no resulta arbitrario que estemos escribiendo y hablando desde y sobre el ámbito místico, ecoespiritual. Me referiré a este punto con el siguiente don; sin embargo, un ejemplo de este trascendentalismo ecológico se puede encontrar en la (con)fusión de los cuerpos de dos hombres con la naturaleza al hacer el amor, en “Cósmica habitación”, o las múltiples formas naturales que los conforman y con los que están conectados, en “Abismar el enigma”, de un tal Ronald Campos.

A través de la inmensidad, de lo sublime, también se canta esta celebración, pues la hipérbole del gigante se presenta una alteridad majestuosa, suprema; por ejemplo: los altos árboles del bosque, en “Fuego sobre la tierra”, de Azofeifa; “Este es el bosque”, de Odio; en un haiku, de Van der Laat; o en “Marina”, de Macarena Barahona. Gigante también puede ser la luna, como en “Cuerpo que promete escamas”, también de Barahona. O incluso un humano para una arañita que le teme a ese monstruo peligro, en “Hiperbole”, de González. Pero el ser humano no siempre es un descomunal destructor; también anhela ser un gigante para tener una agencia más abarcadora, poderosa, que demuestre el verdadero potencial humano, cuando se lo quiere usar para limpiar todos los ríos, sembrar nuevas semillas y reforestar la tierra, como propone Luis Jorge Poveda en “Déjame ser un gigante”. Todas estas formas gigantescas representan, en fin, el deseo de (re)conectar con el Ser menos metafísico, más material. El trascendentalismo, en definitiva, está en parte de la ecopoesía celebratoria. Algunos de los poemas de esta antología nos lo revelan y este es otro aporte, porque quizá no lo habíamos visto o entendido de esta manera.

Por último, el don de la voz femenina permite a las poetas rehuir las imposiciones patriarcales y capitalistas que subordinan, violentan y explotan sus cuerpos y los de la naturaleza; representar lo femenino como una fuerza dinámica e interdependiente con el mundo-más-que-humano; abordar holísticamente las cosmovisiones y la ancestralidad indígenas; celebrar y ritualizar el tejido integral de la vida; desplazar la supremacía cristiana por ecoespiritualidades alternativas; plantear relaciones más saludables con la humanidad y la naturaleza, entre otros fines. He de decir que algunos hombres también vehiculizamos esta voz ecofeminista, como también algunas mujeres no solo hablan de estos temas y manifiestan en sus textos los otros dones. Redunda significativamente en la muestra el abordaje de la ecoespiritualidad en torno a la materialización de Gaia o Pachamama en la figura de la Madre Tierra, en poemas de Mía Gallegos, Guadalupe Urbina, Marianella Sáenz o Paola Valverde; o en la figura de la maga, en el poema homónimo de Barahona. Los rituales y la etnobotánica se poetizan trascendentalmente en los textos de Valverde.

Después de haber expuesto sobre los dones de la hospitalidad, la celebración y la voz femenina, me vuelvo a preguntar: ¿por qué eligieron estos dones los antologadores? Encuentro una respuesta en el reel que invito vean a través de este QR; me lo compartió hace un mes Sebastián. En el reel nos hablan sobre nuestra responsabilidad de profetizar y, por tanto, crear con la literatura un futuro mejor, un mundo reconectado. Hablamos de otro tipo de conectividad: una que nos lleve a los orígenes, nos invite a asalvajarnos como diría Gary Snyder, a vivir en comunión y, por consiguiente, nos repare y nos mueva a reparar el mundo. Así como lo oyen: sin querer queriendo, el don del reparo, aunque Sebastián y Yaxkin dijeran que no, sí está presente, porque los cuatro dones están imbricados.

En definitiva, Del musgo germina un río constituye un tejido de sensibilidades vivas, de energías y formas representadas, de una ética medioambiental, de una conciencia ecológica, de una actitud contemplativa y celebradora, de hospitalidad hacia lo viviente y de escucha profunda del mundo-más-que-humano. Toda esta antología es un lenguaje mancomunado que pretende reunir y reconectar saberes, cuerpos, territorios y afectividades en sintonía con la Tierra, entendida no como objeto o recurso, sino como paisaje, comunidad, casa compartida y entramado de interdependencias. Por eso, no es de extrañar que también recolecte tradiciones literarias como el haiku, textos que experimentan con el lenguaje científico y géneros literarios, porque la hibridez genérica, que encontramos en los poemas en prosa de Carlos Villalobos, Fabián Coto, Alejandro Cordero y Carolina Campos, evidencia esa red de formas y zonas de contacto, que potencian narración o crónica y descripción paisajística, meditación e imágenes, figuración y ritmo, entre otros recursos, para vehiculizar otras lógicas, otras formas de pensar y decir el estar en el mundo, la necesidad de crear nuevas formas de ecoescritura; la necesidad de proyectos estético-ideológicos de renovación y armonización en el posthumanismo. En el fluir de voces, generaciones, registros y formas, la ecopoesía reunida en Del musgo germina un río no propone respuestas cerradas, sino modos de habitar poéticamente, de reaprender la contemplación, de ensayar vínculos éticos y sensibles que restituyan la posibilidad de una convivencia más justa, sustentable y plural con lo vivo.

Espero que estas orientaciones les permitieran a las personas lectoras emboscarse en esta antología e interpretar con mayor alcance los ecopoemas. Sin embargo, siempre contarán con las introducciones de las personas comentaristas, previas a cada muestra. Felicito a cada una de ellas. Felicito a Sebastián y Yaxkin por esta iniciativa, que se suma a otras cuatro antologías. En conjunto, dan a conocer no solo la ecopoesía costarricense, sino también latinoamericana y facilitan su acceso. Por eso, invito a que descarguen esta y demás antologías en el sitio www.cactusdelviento.com Muchas gracias.

Programa
Mesa de presentación:

Sebastián Miranda (moderador)
Yaxkin Melchy (desde Japón)
Ronald Campos (Costa Rica)

Mesa de lectura de poesía

mesa 1
Arabella Salaverry
Nidia Marina González Vásquez
Fabián Coto Chaves
Ronald Campos López

mesa 2
Mía Gallegos
Carlos Villalobos
Alejandro Cordero
Carolina Campos

mesa 3
Cristy van der Laat
Marianella Sáenz Mora
Esteban Alonso Ramírez Hernández
Joset André Navarro Abarca

mesa 4
Macarena Barahona Riera
Dennis Ávila
Paola Valverde Alier
Alelí Prada

Esta presentación es una celebración de tres años de esfuerzo que han dado como resultado este entretejido que une la palabra poética, las artes y la naturaleza.

Compartimos algunas impresiones que surgieron durante la presentación de la muestra y le dan sentido a la Colección Ecopoéticas de la Madre Tierra de Cactus del viento:

Agradezco la sensación de esperanza de que proyectos como este existan en un mundo en el que se ha vuelto más fácil imaginar la destrucción del mundo antes que la posibilidad de otro.

Agradezco que es un libro muy sólido y su formato nos lleva a profundidad. Cada poema nos toca, nos pertenece, nos enriquece a los demás. Este es un acto de resistencia ante un mundo que se desmorona, que se está descorazonando.

Esta es una antología con corazón, hecha con corazón.

Finalmente, Cactus del viento expresa su gratitud con Sebastián Miranda, escritores, poetas y todas las personas que hicieron posible este libro. Esperamos que el mismo encuentre pronto nuevos canales y medios de difusión dentro y fuera de Costa Rica. Agradecemos todas las voces de una nueva constelación de diálogo con la tierra.

La Colección Poéticas de la Madre Tierra que nació del diálogo entre Yaxkin Melchy y Pedro Favarón en la selva amazónica tiene un enfoque ecopoético del diálogo con los territorios, una perspectiva indígena y ambiental, y la propuesta de ampliar los horizontes de lo poético más allá de los anquilosados canones literarios.

Gracias tierra querida.

Presentación de «Semillas de nuestra tierra» en la Ciudad de México, 25 de noviembre 2023.

Los invitamos a la presentación del libro Semillas de nuestra tierra: muestra ecopoética mexicana (2023). Una innovadora muestra de poesía y pensamiento ambiental editada por Cactus del viento. Este libro es el cuarto tomo de la colección Poéticas de las Madre Tierra de la editorial Cactus del viento en colaboración con el Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra. Para esta presentación nos acompañarán varios de los poetas antologados, comentadores e invitados especiales. Los esperamos en este evento de recitación de poesía y reflexiones en torno a la naturaleza, la palabra y la ecología, rodeados del excelente ambiente del restaurante mexicano y centro cultural Raíces.

Lugar: RAICES. Centro Cultural en la Ciudad México, cerca del metro Ermita a las 15:00 hrs.

Presentación: Mónica Nepote y Yaxkin Melchy.

El libro tendrá este día un precio especial de lanzamiento de doscientos cincuenta pesos.

Mesa de poetas y comentaristas:

1.
Jorge Tenorio
José Carlos Monroy
Dani Escamilla
Tanya Huntington
Esmeralda Loyden
Natalio Hernández
Melissa García Aguirre
Liliana Zaragoza Cano

2.
Andrés González
Yotzin Viacobo
Susana Bautista
Fernando Corona
Ramón Vera Herrera
Héctor Peña

Más la presencia de poetas invitados
María Sánchez
Verónica Gerber
Fabricio Cajeme

Esta presentación es una celebración de tres años de esfuerzo que resultaron en una cosecha de semillas poéticas en diálogo con los territorios de México. Un entretejido que une la palabra poética, las artes y la naturaleza.

Quiero expresar nuestra gratitud con el Centro Cultural Raíces y todas las personas que hicieron posible la impresión de este tiraje autogestado (a quienes entregaremos sus libros apartados en la preventa). El libro podrá adquirirse durante la presentación y después de esta estará en librerías independientes de México y en la Feria del libro de Guadalajara (por medio de la distribuidora Lenguaraz).

La Colección Poéticas de la Madre Tierra que nació del diálogo entre Yaxkin Melchy y Pedro Favarón tiene un enfoque ecopoético del diálogo con los territorios, una perspectiva indígena y ambiental y la propuesta de ampliar los horizontes de lo poético en Latinoamérica más allá del anquilosado canon literario monolingüe, escrito y eurocéntrico.
Esperamos que todos los interesados en el cuidado de la tierra y la palabra y quienes disfrutamos de la poesía, levantaremos juntas y juntos el vuelo.

Pueden descargar la versión digital del libro de forma gratuita en
https://cactusdelviento.wordpress.com/

Gracias tierra mía,
pronto nos encontraremos
Tlazocamati

Publicación del prólogo «La semilla y la palabra» – La Jornada (suplemento Ojarasca) México

Compartimos «La semilla y la palabra» el prólogo de Semillas de nuestra tierra: muestra ecopoética mexicana escrito por Yaxkin Melchy en el suplemento Ojarasca.
En: https://ojarasca.jornada.com.mx/2023/07/08/la-semilla-y-la-palabra-4654.html

Cactus del viento expresa su profunda gratitud al equipo del suplemento Ojarasca del periódico La Jornada por dar espacio a este diálogo propuesto de la ecología y la creación poética diversa y sabia de México.

Reseña en la revista académica Tesis (Perú)

Compartimos la reseña escrita por Pedro Favaron y Yaxkin Melchy sobre Versos del sur. Muestra de ecopoesía chilena publicada por la revista Tesis de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú. Cactus del viento agradece el espacio de la revista para esta reseña, esperando que ésta contribuya a la difusión de los libros de Cactus del viento y el proyecto Ecopoéticas de la Madre Tierra dentro del mundo académico.

Release of «Versos del sur. Muestra de ecopoesía chilena» Anthology of Chilean ecopoetry. Available for download


Today we like to present to the world «Versos del Sur. Muestra de ecopoesía chilena». This edition, the second volume of our ecopoetics collection, is dedicated to the poetry that exists among Chile’s territories, natures, and cultures. It is an anthology of poetry, poetic texts, and songs of the twentieth and twentieth-first century coming from our sister territory of the southern hemisphere. Among the varied contents of this anthology are, for example, the spiritual and ecological light of Gabriela Mistral indigenous roots and the poems of the ecopoetic assembly in the Anthropocene of the young poet Andrés González. The anthology includes well-known authors from Chilean Literature such as Pablo Neruda, Violeta Parra, and Elicura Chihuailaf which are reread from a critique of the land. It also includes authors little known outside Chile and who reveal themselves as ecological and spiritual representatives of ecopoetry, such as the peasant poet Óscar Castro and the contemplative Luis Oyarzún. Versos del Sur places particular emphasis on the decentralization of voices and intends to go beyond the urban canon. For example, we find poets from the Andean north (Aymara) such as Pedro Humire, from the southern Patagonian and island such as Idania Yáñez and the Polynesian Rapa Nui in the voice of Sofía Abarca Fariña. Here Chile is reconfigured as a territory with a plurality of names and worlds. It is Rapa Nui and the Country of the Bees, the territory of the Andean tutelary w’akas, and the territory of rural lares, the environment of the problematic monocultures of the central region and the FutaWilliMapu of the southern lands that dream in Mapuzungún. Likewise, it includes forms of poetry that dazzle for their richness and avant-garde, from the paths of connection that oral music opens to the topophilic poetry of Raúl Zurita. Pedro Favaron and Ángela Parga have found a harmonic dumbbell that summons top-level commentators to speak about these voices. They have made an anthology from a different, critical, radical, and spiritually visionary reading of the poetry made in Chile, one born from thinking and feeling with the poetry of Mother Earth.

Y.M.

Heartfelt thanks to Pedro Favaron and Ángela Parga. Also to Eder, our designer and courtesy of the Fundación Mar Adentro. With this publication, the artisan publishing house Cactus del Viento is being renovated with cardboard and pixels.



Download :
From mirror 1. PCLOUD

https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZGvLgXZlgLyaIvApckWyFsTzDWe4bLgkm8X

From mirror 2. MEGA

https://mega.nz/file/rQhXXAyI#W9D6-XhYc6ykRHfmdcqCiyCzGsACmqTg96m1kYumAVs

EPUB

https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZBM4gXZRJHNGEky0RBreGFjKpVzff3PF6pk


Our proyect in Facebook

https://www.facebook.com/CactusdelVientoEditorial/

Presentación de «Versos del sur. Muestra de ecopoesía chilena»


Presentamos al mundo «Versos del sur. Muestra de ecopoesía chilena». Esta edición, el segundo tomo de nuestra colección ecopoética, está dedicado a la poesía que existe en los territorios, la naturaleza y las culturas de Chile. Se trata de una antología de poesía, de textos poéticos y cantos del siglo XX del hermano territorio del sur. Se incluye desde la luz espiritual y ecológica que nos trae la poesía de raíz indígena de Gabriela Mistral a la poesía de la asamblea ecopoética del Antropoceno del joven poeta Andrés González. La antología incluye por igual a autores centrales de la literatura chilena como Pablo Neruda, Violeta Parra y Elicura Chihuailaf que aquí son releídos desde una crítica de la tierra, que a autores poco conocidos fuera de Chile y que se revelan de una gran talla ecológica y espiritual como el poeta huaso campesino Óscar Castro y el contemplativo Luis Oyarzún. Versos del Sur hace particular énfasis en una descentralización de la voces y un recorrido por los territorios que cruzan más allá de la urbe chilena, por ejemplo, encontramos a poetas del norte andino (aymara) como Pedro Humire, del sur patagónico e isleño como Idania Yáñez y del Rapa Nui polinésico en voz de Sofía Abarca Fariña. Así, Chile es reconfigurado como un territorio con pluralidad de nombres y mundos, es Rapa Nui y el País de las abejas, el territorio de los w’akas tutelares andinos, y el territorio de los lares rurales, el territorio de los problemáticos monocultivos de la región central y el FutaWilliMapu de las tierras del sur que sueña en mapuzungún. Igualmente se incluyen formas de la poesía que deslumbran por su riqueza y vanguardia, desde los caminos de conexión que abre la oralitura a la poesía topofílica de Raúl Zurita. Pedro Favaron y Ángela Parga han encontrado una mancuerna armónica que convoca a comentaristas de primer nivel a hablar de estas voces. Han hecho una antología desde una lectura diferente, crítica, radical y espiritualmente visionaria de la poesía que se hace en Chile, una nacida desde un pensar y sentir con la poesía de la Madre Tierra.

Y.M.

Gracias de corazón Pedro Favaron y a Ángela Parga. También a Eder, nuestro diseñador y a la cortesía de la Fundación Mar Adentro, desde la editorial artesanal Cactus del viento que está renovándose con cartones y pixeles.



Descarga liberada / Download en:
Servidor 1. PCLOUD

https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZGvLgXZlgLyaIvApckWyFsTzDWe4bLgkm8X

Servidor 2. MEGA

https://mega.nz/file/rQhXXAyI#W9D6-XhYc6ykRHfmdcqCiyCzGsACmqTg96m1kYumAVs

EPUB

https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZBM4gXZRJHNGEky0RBreGFjKpVzff3PF6pk


Nuestro Facebook

https://www.facebook.com/CactusdelVientoEditorial/

Un proyecto de la palabra con la tierra por Yaxkin Melchy – Revista Luvina (México).

La revista Luvina de la Universidad de Guadalajara (num. 102 dedicado a la Naturaleza) publicó este artículo sobre el proyecto Ecopoéticas de la Madre Tierra. Cactus del viento expresa su agradecimiento a Víctor Ortiz Partida editor de Luvina. Recomendamos revisar todo el número de la revista dedicado al mundo natural, pues lo literario es un tema a reflexionar si queremos pensar en cómo mejorar nuestra relación con la tierra.


UN PROYECTO DE LA PALABRA CON LA TIERRA

«La diversidad de la poesía tiene valiosas claves para orientar nuestros corazones en estos tiempos, pues una gran riqueza sobrevive en los mundos del corazón y su palabra. Estas voces poéticas que no han sucumbido a la enajenación se pueden rastrear en las artes y las tradiciones, y desde allí nos llaman a poner los pies en la tierra y el oído en las raíces de todo lo vivo. En esta época en que las identidades modernas buscan una respuesta ecológica, queremos poner en contacto las poéticas y las artes como fuentes del «diálogo con la tierra y con la vida». Encontrar un camino desde la poesía implica, para esta modernidad posible, una nueva escucha, apertura y, por supuesto, transformación….

…La poesía no es ajena a la tierra, pues, pese a ciertos valores de la modernidad que nos distancian de su escucha, la tierra no deja de hablarnos y de sostener nuestra vida; gozamos del alimento de la tierra, la salud que de ella viene y del conocimiento que emana de nuestro diálogo con todos los seres. A eso no se le llama ecología en un sentido estricto y científico; sin embargo, hay una parte de la ecología que quiere tocarse con la poesía y su habla. Así nació la palabra ecopoética, que conjunta el prefijo eco, proveniente del griego oikos («casa»), y poética, que señala el estudio de la poesía y las formas poéticas. Esta ecopoética nació originalmente de un término en inglés: ecopoetics, para llamar a una sistematización reflexiva que reúne los caminos de la crítica poética, la comprensión ecológica y la búsqueda de alternativas frente a los dilemas éticos y las crisis ambientales. No obstante, se ha convertido en algo más que aquel término regional, para convertirse en una manera de intercambiar solidariamente poemas, críticas y reflexiones. Desde el sur, el intercambio y la diversidad son nuestra visión de la ecopoética: por eso decimos las ecopoéticas de la Madre Tierra.»


Fuente:

Luvina. Revista Literaria de la Universidad de Guadalajara